Siempre que paso por debajo de tu casa, miro a ver si por casualidad estás en el balcón, allí donde solíamos estar, pero no... nunca hay señales de ti.
El otro día miré hacia arriba y estaba la luz de tu cuarto encendida y todo el tiempo en el que tu cuarto estaba en mi campo visual me lo pasé mirando hacía allí, a ver si por casualidad, simple casualidad, te veía, aunque fuese un trozo de pelo, solo eso.
Y resulta que llegué a mi casa triste de no haberte visto ni de casualidad. Y es que, hace tiempo que no te veo y no me sienta bien. Te veo solo en mis sueños, y hablamos de cualquier cosa, pero ahí estás.
Te echo de menos, y te eché de menos desde el primer momento en el que tú y yo dejamos de ser lo que éramos, por lo menos éramos algo...ahora ya... no somos nada... Y no se porque estoy escribiendo esto sabiendo que no lo vas a leer, ni pretendo que lo hagas porque... ¿de qué serviría? Tú te preguntarías que para qué escribo y porqué y yo no sabría responderte ni sabría decirte porque te busco entre la gente ni porque espero encontrarnos por casualidad. No, no sabría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario