Y entonces, ocurre. Tu mente se dispara y empieza a imaginarse lo imaginable. No sabes que hacer e intentas dejar la mente en blanco, pero es inútil. Sólo quieres volver atrás en el tiempo y cambiar millones de cosas, pero sabes que es imposible, que no se puede. Y rompes a llorar. Entonces lo único que se te ocurre es salir corriendo, pero salir corriendo no es la solución a los problemas. Hay que aceptarlos y afrontarlos. Y lo intentas, pero sola no puedes. Necesitas un pequeño gesto por parte de él, y de ellas. Que te entiendan cuando el mundo caiga y no puedas con él, cuando no tengas ganas de salir, cuando quieras ir a una fiesta, cuando los llames a las 2 de la mañana, cuando necesites un abrazo o una simple sonrisa. Que fingir sabemos todos, sólo hay que darse cuenta de cómo y cuándo finge cada persona.

De todas formas, no quieres tener esa dependencia de nadie, eres libre, y siempre lo has sido. O te gusta serlo. Te gusta planear las cosas una hora antes de hacerlas, te gusta lo diferente, lo que la gente desconoce, lo nuevo. Odias la monotonía, pero la mayoría de las veces te aguantas.
No dependes de nada ni de nadie, tenlo en cuenta. Eres tú y siempre has sido tú. Esas personas que consideras especiales están para ayudarte y para que tú les ayudes, pero no dependes de ellos. Recuerda que, al fin y al cabo, todos somos libres.
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