lunes, 30 de mayo de 2011

que los principios suelen estar donde tú los dejas.

Dame. Dámelo. Dámelas. Y dímelo. Dame un abrazo, que me caigo. Que hay cosas que una sola persona no puede soportar, el mundo pesa mucho. Si quieres conocerme, conóceme, pero conóceme bien, que sólo así sabrás cuando necesito que me abraces, yo nunca te lo diré. Abrázame, que todo se hace grande, y yo no estoy hecha para crecer tanto como tú. Dame la mano e intenta comprenderme, escúchame. Quiero tenerte cerca todos los días, y hacer que desaparezcan las despedidas. Ahora no hace falta que me abraces. Estoy bien así, pero no te lo creas. Suelo equivocarme en todo, y hay cosas en las que prefiero no equivocarme, ayúdame. Vuelve a abrazarme y agárrame la mano. No quiero caminar sola, que a lo mejor me caigo y no me levanto. Que caerme sola está bien, pero no quiero levantarme sola. Quédate a mi lado.

Los sueños no navegan solos, ¿quién los empuja?

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