De repente lo notas. Notas como te derrumbas y sientes que no puedes más. Que la vida es una mierda y los tíos lo son más. Pero es algo que has notado durante todo ese tiempo que llevas guardando el dolor dentro. Nunca estás bien del todo pero puedes con ello y el alcohol hace que lo sueltes todo. Porque intentas olvidar pero recuerdas, y recuerdas como todo aquello que te haría feliz, es una puta mierda y sólo te hace sufrir. Y lo peor es que es un puto tío. Y rompes a llorar pero no importa porque ahí están tus amigos, y te hacen recordar que no estás sola, y que existen tíos mucho mejores, que él es sólo uno más. Sí, uno más, uno más para ellas, piensas, para ti sólo existe él, y por muy capullo que sea, por mucho daño que te haga, cuánto más daño te hace, más notas como le quieres.
Y ahora sí, tienes dos opciones... mandarlo todo a la mierda o seguir con ello. El seguir con ello trae consecuencias, como todo, pue
des obtener beneficios que después se convertirán en desventajas. Puedes ser feliz por momentos e infeliz por otros momentos, todo depende de él. Y al mandarlo todo a la mierda, te haces más fuerte, aprendes a olvidar, a recordar sin sufrir, pero eso lleva su tiempo. No basta con un día, ni una semana, ni un mes... Tienes que poner empeño, fuerzas y ganas. Y como a ti no te gustan las cosas fáciles, lo intentas, porque tú no eres como él. El único problema es que eres débil, y en el primer momento en que lo veas sabes que te vas a poner a llorar. Pero aún así deseas con ganas verle, porque una mínima parte de ti siente esperanza, y esa esperanza nunca se irá. Y esperas con ansia que algún día se de cuenta de lo que pierde y vuelva a ti, y entonces ahí piensas que decidirías mandarle a la mierda, pero en verdad le darías un beso y te creerías otra de sus mentiras. Porque la vida es así y las personas no cambian.
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